Poema de mayo

 

En mi mayo, desde las entrañas

del suelo patrio,

eclosionan inmaculadas semillas,

y todo es leche de camellas,

manteca y bonanza para el frig[1].

 

En tu lenguaje de primavera,

nacen flores,

germinan rosas,

brotan amapolas.

Aparecen orquídeas,

y también tulipanes,

y jazmines.

 

Este es tu hermoso mayo

de cada primavera,

mientras que en el mío susurra

otro lenguaje de flores entre

rocas,

llanos y estepas,

y desde el lomo de las dunas,

contemplo feliz la blanca flor de lehbalia,

la morada flor de teilum

el sedoso copo de anish,

el trébol violeta de yeryir.

 

Cada noche en un castaño cuenco aguardo

la bondad del ganado,

y la rica espuma de leche, sabor a tafsa[2].

 

En mi mayo brota elgahuan,

brota ashakán,

brota danun,

brota elgarreima,

brotan las espigas de nsil[3],

donde anida sus polluelos

un pajarito cantor,

que no es el ruiseñor,

sino en el lenguaje del desierto,

el pajarito Um Yaber[4].

 

En mi mayo las flores

tienen la misma esencia que las tuyas,

tienen la misma fragancia

cuando el fresco aire de elgueblía[5]

sopla barlovento sur,

el rocío de la mar cuajada sobre

el cogollo de una bondadosa giba.

 

En mi mayo las mujeres visten

nila[6], cubriendo de un ligero azul

la tez morena,

los finos dedos y las esbeltas piernas.

 

Se pintan los ojos de un toque del kehla[7],

y graciosas, descalzas, caminan en las dunas,

y del atil[8] eligen sus palos del romance.

En las noches de luna llena

y al son del ritmo tabal[9] enamoran

moviendo las caderas

a los mozos de lefrig,

a los pastores del rebaño

a los caballeros andantes,

y al inesperado poeta

que arriba sigiloso sobre el lomo

de un dromedario blanco.

 

Amigo este es mi mayo,

esta es mi primavera,

tan diferente

a la suya en Fez, Tanger o Meknez.

 

Entre tu mayo y el mío hay divergencia

en hermosura,

porque en los nombres de Larui Bugarn,

Gleib Elkirah o Galb Eljail

se esconde una hermosa cabra de monte,

la trágica muerte de un verso y un poeta,

y el corazón de un corcel.

 

 

 

 Pregúntales

 

A quién me pregunta

¿de dónde es el bienvenido mozo bauah[10]?

Y cómo son las estepas

de mi Tiris,

le respondo amablemente.

 

Procedo de los legendarios campos,

leyendas del sur,

de la dorada sabana, tierra cristalina,

de distantes islotes de galaba[11]

de tórridas estepas

de nsil, murcba,

askaf, acacias de hojas y tamat[12].

 

En tiempos de lejrif[13] mi campo es gozo,

en tifisqui[14] es toda humanidad,

en saif[15], generoso,

prudente, con su fresco odre y grata sombra.

 

En sus vientos no temo perderme,

tangible confío en el sentido de mi dromedario,

y en las enseñanzas de mi abuelo.

 

En mis campos del sur, sosegado y feliz, 

nacen y mueren mis días para vivir

teniendo bien sujetas las estacas

y el altar de mi jaima.

 

 

 

Jeroglíficos del exilio

 

En mi infancia como pastorcito

de dromedarios,

escuchaba decir:

“la gacela muere en su sequía”[16].

En años de destierro

he ido descifrando

ancestrales jeroglíficos

como un verso suelto,

anónimo,

sobreviviendo

siglos de olvido.

 

Pobre, y rico, de mi condición saharaui,

así se lo digo, poeta hispano,

como Machado,

como Lorca,

como Neruda

como Badi

o como Beibuh[17].

Poeta antimonárquico y guerrillero,

por la libertad, un día alegre

morirá mi corazón soberano.

 

 

 

One Peace Day


El erudito saharaui Chej Mohamed Elmami.

“La prenda sucia de la paz es mejor

que la presumida darraa[18] de la guerra”.

 

Yo tengo un sueño, ese día de paz.

Tú, que hoy me preguntas

qué siento por “one peace day”,

te diré que ningún recuerdo

me dejaron para jugar

tras un arco iris,

ni he conocido mi arrebatada infancia,

y mi juventud tan pronto

en el desierto saharaui menguó,

huyendo de la atroz guerra.

 

Yo tengo un sueño, ese día de paz.

Tú, poderoso, que presumes

del ¡yes to war!

Yo no tengo complejo de mi eterno sueño

¡yes to peace!

y sueño paz y armonía con los demás.

 

Un dulce beso es cualquier día de paz,

una radiante y sincera sonrisa,

un vientre de comida lleno,

un digno calzado para caminar,

un techo para cohabitar,

una flor para regalar,

un arado para sembrar

un abrazo que compartir,

un cuaderno y un lápiz para escribir

y una mano a extender

para el ahogado en ríos de guerra.

Poderoso, cruel, indiferente ante mis

raídos turbantes y rugido de tripas,

esta es la paz que quiero vivir por un día.

 

Sentado bajo la sombra

de una milenaria acacia,

caducaron mis años de aurora.

Nunca antes había escuchado de balas

ni de aviones supersónicos,

hasta que rompieron

el silencio de mi solemne cementerio,

y mi desierto saharaui quedó

desierto de paz,

y la paz en mi jaima venció a la guerra

y la jaima[19] se convirtió en símbolo de paz,

y la multitud de manos blancas

venció cuarenta años de guerra,

y mi corazón lleno de paz venció el odio,

y desierto de guerra en paz sembró amor,

y cundió paz y amor y paz,

para que todos sólo soñemos este día de paz

en mi Sahara Occidental,

en Bagdad

en Damasco

en Beirut, en Gaza o en Jerusalén.

 

Yo tengo un sueño, ese día de paz.

Tú, amigo, que hoy me preguntas.

Ayer tras cuatro décadas en las riveras de Saguia

hallaron la fosa de mi abuelo,

las cuentas de su rosario,

su documento de identidad y la darraa

que llevaba cuando marchó en paz,

a cuidar nuestro ganado

y nunca regresó.

Fíjate cómo en mí repicaron

los tambores de la guerra,

y respondí predicando la paz

para que el alma de mi abuelo

en paz descanse y en mi desierto

y con mi jaima impere sólo paz.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 



[1] Grupo de familias nómadas acampadas en jaimas

[2]  Planta que crece en el Sahara y sirve de alimento ocasional para los animales. A causa de su aroma deja un especial sabor en la leche de las dromedarias que lo comen.

[3]  Nombres de plantas muy apreciadas por los animales.

[4] La madre de Yaber.

[5] Vientos frescos que soplan del sur cuando hay precipitaciones.

[6] Tinte azul oscuro que suelta una tela muy apreciada por los saharauis.

[7] Mineral muy valioso que se usa para pintar la raya del ojo de negro.

[8] Planta del Sahara. Las ramitas finas se usan para la higiene dental. Se mastican en un extremo para desflecarlas y usarlas como palillos de dientes (mesuak). Conservan sanas las encías, dejan los dientes blancos y buen sabor de boca.

[9] Tambor que usan las mujeres saharauis.

[10] Buscador de lluvias y de lugares de pasto en el desierto.

[11] Plural de galb, monte.

[12] Nombres de plantas del desierto del Sahara.

[13] Otoño.

[14] Primavera.

[15] Verano.

[16] Proverbio saharaui.

[17] Badi y Beibuh son los decanos de la poesía saharaui en hasania, el idioma de los saharauis.

[18] Vestimenta típica tradicional del hombre en el Sahara Occidental.

[19] Tienda de campaña tradicional saharaui hecha de pelo de camellos y lanas de cabras una raza autóctona saharaui. La jaima se ha convertido en un símbolo de paz y convivencia para los saharauis.

 

Ella es de Damasco

 

A la hermosa dama La Alhambra

 

Quiero escribirte estos versos desde el otoño

de Granada.

Quiero escribirte en esta primavera

de Damasco.

Quiero escribirte estas letras de oro

incrustadas ocho siglos en tus costillas

de Anisatun arabiya .

 

Quiero escribirte desde los ancestrales

jardines de El Yasmín ,

fragantes de rosas,

adornados con tulipanes de Estambul.

 

Quiero escribirte que acudo con mi cristiana

para rezar por tu dormida alma

que reposa entre

las árabes pestañas de Granada.

 

Quiero rezarte los versículos del Corán,

los libros de la Biblia,

la palabra de Abraham y Moisés.

 

Quiero que tu alma descanse eterna

en las erguidas

torres de El Generalife,

en la Puerta de la Justicia,

en la Sala del Meswar,

en el Patio de los Arrayanes.

 

Quiero que tu alma perdure

en la Sala de Las Dos Hermanas,

en la Torre de Las Damas

y en el Patio de Los Leones.

 

Quiero escribirte que sigues siendo

la radiante mujer

de Damasco

que pretendí en La Torre de La Cautiva,

en tiempos del Reino Nazarí de Granada.

 

Quiero escribirte que cuando entré

por la Puerta de Las Granadas,

exclamé ¡Bismilah arrahmani arrahim! …

imploré ¡Santo Dios mío!

 

Quiero escribirte que se me agotan las palabras

como se me concluyeron entonces,

rezando por tu alma los sesenta capítulos

del libro sagrado.

 

Y ultimo escribiendo en estas milenarias hojas,

desde el mesonaje del Albaicín.

Eres la única mujer que los siglos amaron

hasta la saciedad.

 

Quiero escribirte estas letras de oro

incrustadas ocho siglos en tus costillas

de Anisatun arabiya.

 

 

  Anisatun arabiya: dama árabe.

  El Yasmín: jazmín.

  Bismilah arrahmani arrahim: En el nombre de Dios clemente y misericordioso.

 

 

 

A Ali uld Meyara

 

Gigante aún despierto en el lecho

de un minúsculo río,

a veces desnudo de verdes,

a veces cubierto, sabanas copos de nsil.

 

Sin lápida de mármol, 

nostálgico epitafio,

cinco vainas de bronce vacías

por un Sahara en paz soñada.

 

Gigante invicto en la batalla

de los siete franceses,

gigante vivo o muerto setenta años

después,

gigante aún vencedor en la misma trinchera.

 

Gigante aún despierto en el lecho

de un minúsculo río,

a veces desnudo de verdes,

a veces cubierto, sabanas copos de nsil.

 

 

 

A la memoria de Nih

 

Hermosa estás, Taziualet, radiante

galaxia de tu firmamento,

con la melhfa de nila

y el blanco faldón de arenas,

sugerente doncella de Tiris.

 

Glamourosa vestida de gala,

acodada en blancas dunas

de seda.

Piernas esbeltas,

tintadas de azul,

y pies oscuros, flor de henna.

 

Al este anhela acariciarle Azafal,

al suroeste la pretende Auadi

y al noroeste encanto de beduina 

rompecorazones:

galb El Arui, corazón de cabra montés,

galb Egteitira, corazón de cataratas,

galb Eljail, corazón de un corcel.

 

 

 

Como tus ojos I

 

A María,

la niña de Talavera de la Reina

 

 

Me has pedido que te describiera

el cielo del Sahara,

que te lo depositara en la palma

Inocente de tu mano.

 

Estrellado,

Celeste,

azul aún presente

en mis ojos

como tus astros,

Transparente abierto como tu corazón

Fresco es de olor, antaño recuerdo

techo de mi cuna, María.

 

 

 

Este poema se lo dediqué a una niña de Talavera de la Reina. En su colegio estuve realizando unas charlas sobre la poesía y la cultura saharauis, entonces me pidió que le hablara del cielo del Sahara.

 

Una semana más tarde escribí este poema, conmovido por su pregunta, en el que de forma muy breve la describí un cielo que en mi infancia fue el techo de mi cama en el desierto cuando dormía con mi familia a la intemperie, mirando todas las noches sus estrellas, su luna llena y sus miles de constelaciones.

 

Es para que todos los que no conocen la soberbia hermosura del desierto lo pueden imaginar.

 

 

Como tus ojos María II

 

… Y me acuerdo María de otras constelaciones

aún techo de mi cuna,

cuando la noche muda sofoca su candil,

cuando los pastores cumplen el último ordeño

de la noche,

 y el silencio del desierto cunde paz

entre la fogosa hoguera de un pastor

y el escamado berrido de un dromedario que no cesa,

dichoso de gruñír

en el primer tercio de la noche,

bruuh, bruuh, bruuh, bruuh

 

 

El cielo un techo para acariciar

la otoñera estrella Dabarán,

el cielo un techo para acariciar

la traidora estrella Elmeshbuh,

el cielo un techo para acariciar

la húmeda constelación Zureya,

que anuncia,

mañana las nubes acarician lomos de dunas,

mañana los copos de nsil y murcba aguardan

los polluelos de umyaber,

mañana conviven en la misma grara,

un astuto chacal, un prudente pastor y un rebaño sediento

de concordia.

 

Este es mi cielo de muchas y alteradas estrellas,

Este es mi cielo de pocas nubes

Y este es mi cielo que brota, hermosa amistad, en la palma

de tus manos María.

 

 

 

 

 

Mi duna esbelta

 

A una mujer transeúnte por la Calle Alcalá

           

Mientras los vientos tallaban una silueta 

de perfiladas

y lozanas curvas,

su revelación me traía la voz

del arcángel Yibril,

que en mis oídos dulcemente

susurraba,

elcamal ala lilah,

Sólo Dios pudo inspirar

esa soberbia hermosura.

 

Imprudente y absorto,

seguí observando cómo cruzaba la calle Jazmín,

esquina con calle Orquídea.

 

Y cuesta abajo la brisa de la tarde

llenaba mis sentidos de su olor

a primavera.

Imaginé hincar mis rodillas en un mar

de sedas y dunas.

Imaginé cruzar las viejas callejuelas

de Granada.

La imaginé cabalgar junto a mí sobre lomos

de dunas,

la imaginé una vieja plata tallada,

por un orfebre fenicio, una piedra turquesa

tallada sobre el lomo de mis dunas.

 

Era la perla peregrina,

lloraba lágrimas de nácar,

blanca era como el cuarzo de mis dunas.

 

Con ella deliré en mi sueño,

cuesta abajo, calle Jazmín cuando hace

esquina con calle Orquídea.

 

 

 

 

 

 

Tu querer anida en las entrañas

 

Sáhara, oh Sáhara.

No hay ola que de noche

no repita

este grito:

¡Sáhara, oh Sáhara!

¿Acaso expira el mar

del peso de la noche?

¿Le aburre su andadura?

¿Se acuerda en el exilio

de su gente?

 

Mahmud Sobh

 

 

Y es así, cuelga, anida, se cobija

se refugia,

y acampa a sus anchas

en mi usurpado corazón.

 

Otra vez renacen mis dichas,

blancas palomas,

olas y olas, barloventos, brisas

y vientos,

espumas enfurecidas.

 

Desde las cornisas de Cabo Blanco,

Bojador a las Playas Fum Saguia,

todo ansias de libertad.

 

Allá,

las olas mecen su gente, sabor

al triunfo.

Allá,

se une el grito de Mahmud Sobh

con mi grito.

Allá,

las olas y la gente gritan

¡Oh Sáhara, oh Sáhara!

¡Oh Palestina, oh Palestina!

 

Sí, expirará la mar del peso

de su noche.

Sí, se acordará en el exilio

de su gente.

 

Y la mar, ésta,

nuestra, con sus cuajadas espumas

negras, rojas, blancas

y verdes,

volverá a vernos, inevitablemente,

seguro volverá a vernos.

 

 

 

Bubisher

 

 

A veces inesperado posa sobre los vientos

de la jaima,

a veces como un ágil anciano del desierto

turbante blanco y silham[1] oscuro,

saluda ávido sobre los secos ramos

de una acacia.

 

Cuántas buenas noticias espera el nómada

de tu visita,

después de años sin lluvias,

años de flacos dromedarios

años sin leche ni pastos

días en los que los niños lloran de gana

y de noche duermen cansados de esperar.

 

 

Pajarito cantor, primavera del desierto,

cantor de verdes pastos,

cantor de buenas noticias para lefrig[2].

 

Una madre entra sonriente

y le dice a sus hijos:

Alegraos que nos visita Bubisher,

viene con su piquito rebosante de cuentos

y sus alas esparciendo historias.

Y todos como dicta el rito beduino canturrean:

 

¡Bubisher ibasharna uibasharac biljeir

Bubisher ibasharna uibasharac biljeir

Bubisher ibasharna uibasharac biljeir!

 

Bubisher que tengas y nos traigas buenas noticias.

 

 

[1] Silham, especie de albornoz prenda de color oscuro que utilizan algunos ancianos que realza su presencia y personalidad.

[2] Lefrig, campamento de jaimas tradicionales saharauis tejidas de lana de dromedarios.

 

 

 

Qué hago por ti

 

 

Otros días más sin ti, otros meses.

¿Otros años más sin ti?

 

¿Qué hago?

 

¿Me desespero o me radicalizo?

Pintaré de verde

¡fuera de mi casa intrusos!

en la fachada azul del mundo.

 

Y si no me escuchan, otra vez,

¿qué hago?

 

Escoge entre tu muerte sigilosa,

porque no te escucharán,

o las armas,

las armas legales,

las armas legales. Sí que te escucharán

temblando sus amos porque tu razón

contundente les hará morder la verdad.

 

 

 

Los libros

 

 

Los libros me hablaron de nefastas

e injustas guerras.

 

También me enseñaron

cómo odiarlas,

cómo repudiarlas.

 

Los libros

me condujeron a las entrañas

de mi siglo.

 

Porque he visto

poetas jornaleros,

poetas jardineros,

poetas cristaleros.

Poetas

que avivan las letras

donde el cielo abraza

la inmensidad de los desiertos.

 

Pero también he visto

que la palabra

de un poeta jardinero

equivale al precio

de un tulipán en Constantinopla.

 

 

 

La indiferencia del mundo

 

 

Los he visto huyendo de sus hogares,

los he visto muriendo

en su larga huida.

 

También he visto telarañas,

treinta años después,

en aquellas

puertas que no se cerraban.

 

Se esconden los crímenes,

se negocian los principios

y se intenta sigilosamente matar

una esperanza.

 

Entonces,

¿qué es la carta magna del mundo?

 

¿Un derecho elemental en desuso?

¿Un veredicto a nuestra legal razón?

Resoluciones con lágrimas

de desplazados,

que firman tras cada sesión las Corbatas

Azules en Nueva York.

 

El mundo, Naciones Unidas,

el Consejo de Seguridad.

Todos no pueden ser locos para ignorar

mi franca palabra.

Dejadme gritar: ¡Quiero ser yo mismo!

Como me otorga esa carta magna.

 

 

 

El Aaiun o Beirut

 

 

 

Desde El Aaiun a Beirut poco distan las palabras

que fluyen de rabia,

El Aaiun, los ojos

El Aaiun, los ojos

El Aaiun, los ojos.

 

Y en sus cuencas, perdidas, desorbitadas,

las calles

huelen la misma barbarie.

 

La maquinaria bélica, las bombas, los tanques,

las balas que fabrica la misma casa,

igual matan en Beirut, El Aaiun o en Saigon.

 

Llámala como quieras, tú que observas

desde el monte Sinai,

desde Paris, Madrid

o el edificio azul en Nueva York.

 

Yo soy otro Beirut al que nadie llora,

yo soy otro Beirut del que nadie habla,

yo soy ese Beirut hace treinta años,

cada día me matan y resucito.

 

Yo soy ese otro hermano que Beirut no conoce,

y al que nadie llora.

Y me llamo El Aaiun, los ojos, que igual rezuman

por El Aaiun o Beirut.

 

 

 

 

 

 

Galb El Haulia

 

Me siguen llegando tus cartas de amor,

que escribes

desde Galb El Haulia,

cartas en las que cuentas que la vida

se reanuda tras las pasadas lluvias.

 

Hoy, en este jarif tan verde,

con el radiante sol de Tiris,

leo que te acarician

las caprichosas manos

de los libres vientos,

sirocos, tormentas, calimas

y que respiras mi olor

que te llega

desde Occidente.

 

Oh, mi amor de beduina,

oh, mi virgen desnuda,

oh, mi hermosa duna.

 

Tú me preguntas cómo otros

llaman a Galb El Haulia,

y yo te diré que en Occidente

se llama, en la poesía,

“El corazón de la gacela virgen”.

 

Y así,

tú eres de ojos vivos,

grandes, negros,

alegres, el nido del amor,

el camino que me lleva

para saciar mi sed

entre tus labios oscuros de nila.

 

Te quiero como galb o corazón,

no importa cuál,

te quiero mientras tu nombre

sea Galb El Haulia,

corazón de la gacela virgen.

 

Te quiero mientras te busco con mis

cansados ojos,

y te encuentro como la tierra prometida.

Tiris, te quiero corazón.

Te quiero como se unen un

“Galb y una Gacela Virgen”

 

 

 

Mi razón de ser

 

A la bella mujer que me miró

con descaro y me ofendió

 

 

Alguien, tal vez confundido,

me preguntó,

Eres…

 

Y le dije que William Shakespeare,

encontró su razón de poeta

y dramaturgo, en ser inglés.

 

Mientras que yo sigo simplificando

esa razón con los que intentan

situarme a la deriva,

y convertirme de ser en no ser.

 

Entonces nunca será una razón

diluirme en sangre de besamanos,

o transformarme en creyente

que reza God save the king.

 

Y se lo digo en la lengua

de Byron y de Shakespeare,

To be or not to be, that is the question,

Im not Moroccan,

sorry, esta es mi razón de ser, saharaui.

 

 

 

 

Despejada la oscuridad

 

 

De luto negro desvisten

tus montes Sario,

y de azul claro,

acaricia tu mar

de norte a sur.

 

Tus vientos te abrazan

y tu llovizna

despierta el gran río

de Saguia El Hamra.

 

Hermosura es tu Río

de Oro, y hermoso

y bello, bello cuando

unido junto al mar

a batallar,

semejante fervor

ha de estallar,

todo en cadena a vencer

desde la Güera

y más allá de El Aaiun

a seguir.

 

En ti Sario,

ahí está el rostro

de la libertad,

espejo de dignidad

y en ti, el pueblo saharaui

vencerá.